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Explorando nuestras masculinidades para el cambio.

Crónica del primer taller para varones organizado en Buenos Aires por el Colectivo de Varones Antipatriarcales.

El pasado sábado 3 de octubre, en el Centro Cultural Cid Campeador  de la Ciudad de Buenos Aires, se llevo a cabo el  primer Taller para varones organizado por el Colectivo de Varones Antipatriarcales. “Explorando nuestras masculinidades para el cambio” fue el título que se le dio a una serie de dinámicas con las cuales se buscó comenzar a conocer y compartir diversas experiencias en tanto “varones”, buscando reflexionar sobre la forma –crítica y/o acrítica– en que se viven estas  masculinidades en un sistema patriarcal que impone como único un modelo de masculinidad hegemónico, basado en un sistema de dominación y jerarquías de género.

Una desordenada ronda de mate fue la bienvenida a quienes se fueron acercando y así, entre charlas informales, se fueron conociendo y presentando los participantes. El taller comenzó con una dinámica grupal que, mediante el juego,  ayudó a tomar conciencia del lugar en el que se estaba desarrollando la experiencia, de las sensaciones y sentimientos propios y ajenos  de los varones que ese día compartían  ese espacio. Cada uno se presentó eligiendo un animal, que luego fue representado y sirvió de excusa para dividirse en subgrupos para trabajar las próximas consignas de la tarde.

Ya en grupos, una serie de imágenes funcionaron como disparador de la charla, el debate y hasta la confesión. ¿Qué podían generar en los presentes las fotos de una familia “aparentemente ideal”, de una moto, del torso desnudo de Brad Pitt, de una banda de jóvenes en calzas brillantes, de un soldado sometiendo con su arma a un hombre de rodillas, de un padre con su bebé en brazos? Cada uno exploró qué le generaba más rechazo y qué más bienestar y compartió con su grupo lo sentido y lo pensado. El grupo fue así construyendo una idea de masculinidad aceptada y cada uno pudo compartir cuán cerca o cuán lejos se reconocía de ese modelo, qué significaba para cada cual “ser varón”.

Cada grupo volcó sus conclusiones en un afiche que, en un cierre general, fue presentado al resto del taller. Siluetas de manos que se suman o de cuerpos que se superponen y palabras como “capitalismo”, “ambigüedad” y “ser” se hicieron presentes en estos relatos gráficos de lo acontecido. Las discusiones habían llevado a cada grupo a reflexiones distantes y profundas. La naturaleza física y orgánica que pueden imponer nuestros cuerpos a nuestra masculinidad, o cómo nos atraviesa la idea de “paternidad” fueron sólo algunos de los emergentes en cada charla. El cierre, así, no hizo más que seguir abriendo el debate y seguir sembrando la siempre bienvenida duda, tan necesaria para romper estereotipos y construir otras formas de ser y relacionarse.

El atardecer enorme en el ventanal se sumó a la mística del final que encontró a un grupo de personas alrededor de un “fogón” hecho de ramas de árbol y una vela. Así, en ronda, cada uno pudo decir qué se llevaba de esa jornada y, en cambio, qué creía que dejaba o podía dejar. Varias horas después de esos primeros mates desordenados, la noche  fue devolviendo a cada participante a su vida, con suerte quizás, algo transformados, algo más críticos, algo más sensibilizados, algo más dispuestos al cambio.